miércoles, 20 de febrero de 2008

Mentiras y censuras

Cuando se celebraron hace unas semanas las elecciones en Cuba, la gran mayoría de los medios replicaban una información de la agencia Efe (20-1-2008) que aseguraba que sólo se podía presentar el Partido Comunista, al que pertenecían la mayoría de los candidatos, lo cual era falso, porque ese partido ni se presentaba a las elecciones ni postulaba ninguna lista; además, más de la mitad de los candidatos no eran miembros de ese partido. También hace unos meses, el semanario Interviú difundía en portada un reportaje en el que afirmaba que Marcos Chávez, hermano del presidente de Venezuela, era el comisario general de la lucha contra la droga y la criminalidad en ese país y que una conversación grabada por la policía española mostraba la felicidad de los narcos desde que este hermano del presidente dirige esa policía (19-11-2007). Ni el tal Marcos Chávez es el jefe antinarcóticos de Venezuela –es el responsable de la policía científica–, ni es hermano ni tiene ninguna relación de consanguineidad con Hugo Chávez. Del mismo modo, el diario El País presenta como manifestación contra Evo Morales una concentración de sus partidarios (28-11-2007). Las mentiras en nuestros medios de comunicación son constantes y, lo que es peor, impunes.

En las dictaduras el método para impedir que los ciudadanos estén informados es la censura, se impide la difusión de noticias que al poder no le gustan. Ahora las verdades pueden ser enterradas a base mentiras, de forma que el resultado es el mismo: ocultar la verdad, censura por tanto. Eso sucede todos los días en nuestros medios con absoluta impunidad. Se necesitan procesos judiciales largos y muchas veces poco conocidos para que los medios, a lo más, deban rectificar, que es como condenar al ladrón de bancos a que devuelva el dinero sin otra pena que cumplir. Por otro lado, intentar rebatir esas mentiras no siempre es eficaz, porque los ciudadanos simplemente se verán frente a dos afirmaciones opuestas, una de las cuales seguro es falsa, sin poder diferenciar la verdad de la mentira. De forma que, en los ejemplos anteriores, usted no sabrá si quien mentía era la agencia Efe, Interviú y El País o soy yo. (...)

Ojalá mentir fuera delito para los medios de comunicación. Pero entonces, claro, se les acabaría el chollo. Por eso cuando los periodistas filosofan sobre su profesión suelen dedicarse a soltar chorradas sobre la inexistencia de la objetividad y que cada uno tiene su verdad. Pero respecto a lo primero, como dice Wyoming, bastaría con no mentir, y lo que cada uno tiene se llama "versión".

Por enxiemplo, hay tanta, tanta, TANTA gente a la que entrullar por decir que los juegos de rol han provocado muertes... Eso no es opinión, es MENTIRA. Y hablo de eso porque es de lo que entiendo. Suelo preguntarme de cuántas mentiras más no me daré cuenta por ignorancia.

Visto en Escolar.

1 comentario:

  1. El autor de la columna da en el clavo totalmente. Incluso aunque conozcas el tema, para convencer a la gente vas a necesitar trabajo extra para poder enseñar pruebas contantes y sonantes, cosa que no ocurría cuando en el periodismo había más seriedad. Estos vicios empiezan a contagiarse al ámbito del "periodismo científico" (cambio climático, evolución...)

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